Mi abuela le encantaba cantar y le encantaba la música. Siempre estuvo llena de vida, hasta el último momento de su conciencia mantuvo la sonrisa...
Voy a contaros una vivencia de mi infancia, y que sorprendentemente, ella mantuvo en su memoria hasta el final. Era verano y yo disfrutaba de mis vacaciones escolares. Estaba con otros dos amigos en las eras de La Cuesta jugando a lanzar mi bicicleta contra la meda de paja que luego sería triturada por el dragón de hierro que venía a trillarla.
Era ya la hora de comer, y como casi todos los días se oía la potente voz de mi abuela gritando mi nombre, lo repetía hasta que yo aparecía de mi escondrijo e iba a comer. Sin embargo, aquel día no respondí, enmudecido por la diversión del juego. Lanzábamos las pesadas bicis de hierro contra la meda... Ella apareció sin saber muy bien de donde, cogió mi bici en una mano y a mí por el brazo de la otra. Y me llevo a rastras a casa...
Yo protestaba porque quería seguir jugando, y ella me reñía porque aseguraba que iba a romper mi bici... yo sabía de sobra que a la bici no le iba a pasar nada, pero ella como adulta tenía que imponer su autoridad. Tanto la canse con mis protestas y mis gritos, que soltó la bicicleta, volvió su brazo atrás y me dio un bofetón...
Comencé a llorar... y con la crueldad que a veces los niños tienen... le dije... "pensé que me querías... ahora ya sé que estoy sólo en este mundo" Ella rompió a llorar y se arrodillo ante mí. Me abrazó, y me pidió perdón... y ambos estuvimos llorando largo y tendido. Hasta que nos miramos y sonreímos a la vez.
Mi abuela pidió perdón a un niño... esta pequeña y a la vez, gran lección voy a tratar de que la aprendan mis hijos, y mis nietos... y si todos aprendiésemos a pedir perdón a un niño, este mundo en el que vivimos funcionaría bastante mejor. Y el recuerdo de mi abuela vivirá siempre...
Voy a contaros una vivencia de mi infancia, y que sorprendentemente, ella mantuvo en su memoria hasta el final. Era verano y yo disfrutaba de mis vacaciones escolares. Estaba con otros dos amigos en las eras de La Cuesta jugando a lanzar mi bicicleta contra la meda de paja que luego sería triturada por el dragón de hierro que venía a trillarla.
Era ya la hora de comer, y como casi todos los días se oía la potente voz de mi abuela gritando mi nombre, lo repetía hasta que yo aparecía de mi escondrijo e iba a comer. Sin embargo, aquel día no respondí, enmudecido por la diversión del juego. Lanzábamos las pesadas bicis de hierro contra la meda... Ella apareció sin saber muy bien de donde, cogió mi bici en una mano y a mí por el brazo de la otra. Y me llevo a rastras a casa...
Yo protestaba porque quería seguir jugando, y ella me reñía porque aseguraba que iba a romper mi bici... yo sabía de sobra que a la bici no le iba a pasar nada, pero ella como adulta tenía que imponer su autoridad. Tanto la canse con mis protestas y mis gritos, que soltó la bicicleta, volvió su brazo atrás y me dio un bofetón...
Comencé a llorar... y con la crueldad que a veces los niños tienen... le dije... "pensé que me querías... ahora ya sé que estoy sólo en este mundo" Ella rompió a llorar y se arrodillo ante mí. Me abrazó, y me pidió perdón... y ambos estuvimos llorando largo y tendido. Hasta que nos miramos y sonreímos a la vez.
Mi abuela pidió perdón a un niño... esta pequeña y a la vez, gran lección voy a tratar de que la aprendan mis hijos, y mis nietos... y si todos aprendiésemos a pedir perdón a un niño, este mundo en el que vivimos funcionaría bastante mejor. Y el recuerdo de mi abuela vivirá siempre...

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada